sábado, 27 de agosto de 2016

ASESINO IMPLACABLE, de Ted Lewis (Grupo Editor de Buenos Aires)

Título: Asesino implacable
Autor: Ted Lewis (1940-1982)
Título original: Jack’s return home (1970) \ Nº 1 en la serie “Jack Carter”
Traducción: Matilde Horne
Cubierta: Oscar Díaz
Editor: Grupo Editor de Buenos Aires (Buenos Aires)
Edición: 1ª ed.
Fecha de edición: 1974-07
Extensión: 160 p.; 11x19,5 cm.
Serie: Colección Laberinto #1
Estructura: 4 partes (“días”)
Información sobre impresión:
Primera edición: 5.000 ejemplares. Se terminó de imprimir en el mes de julio de 1974 en los talleres de “Gráfica Devoto”, Nogoyá 4825, Buenos Aires, República Argentina.

Información de contracubierta:
Jack Carter, es el brazo ejecutor y hombre de confianza de un grupo de gangsters de Londres. Vuelve a su cada sita en una pequeña ciudad del Norte de Inglaterra. Va a un funeral. Es el de su hermano, que era la antinomia de su personalidad. Honesto, sobrio, casi puritano ¿cómo pudo ser entonces que muriera en un accidente automovilístico, hediendo a whisky? Jack inquiere, duda y cual Némesis, encuentra la respuesta a sus dudas.
Ésta novela sirvió para el argumento de la película JACK ASESINO IMPLACABLE, protagonizada por Michael Caine, Geraldine Moffat, Britt Ekland y John Osborne.


ADAPTACIONES AL CINE:
En 1971, Mike Hodges dirigió Get Carter, todo un clásico en el neonoir británico. Fue protagonizada por Michael Caine   (Jack Carter), Ian Hendry (Eric Paice), Britt Ekland (Anna), John Osborne (Cyril Kinnear), Geraldine Moffat (Glenda) y Petra Markham (Doreen Carter). En España se conoció como Asesino implacable, mientras que en México se agregó el apellido del personaje principal.


Fotocromo de videorecord052

Se realizaron dos versiones más: Hit Man, en 1972, con Bernie Casey, y Get Carter, en 2000, con Sylvester Stallone.

MI COMENTARIO:
La lluvia llovía...
Así empieza este clásico del neonoir británico. Originalmente publicado en 1970, Jack's Return Home tuvo una pronta y exitosa adaptación cinematográfica. Ted Lewis escribiría dos secuelas, Jack Carter’s Law (1974) y Jack Carter and the Mafia Pigeon (1977), que no fueron traducidas al español.
La historia transcurre durante cuatro días, de jueves a domingo. Jack Carter vuelve a la ciudad de su infancia, para asistir al entierro de su hermano Frank. Distintos en el carácter, con el correr de las páginas queda claro que ambos estaban distanciados hace tiempo, sobre todo desde que Jack ingresó a la mafia londinense para encargarse de los trabajos sucios. En su fuero íntimo, éste cree que la muerte no fue accidental, como oficialmente se señala. Comienza una investigación que, en cierta forma, es también un viaje interior, donde repasa su pasado, sus pérdidas y su propia constitución criminal. Al mismo tiempo, lleva la carga de una mujer, su amante Audrey, esposa de Gerald, su jefe en el hampa; Jack espera huir con ella a Sudáfrica, para empezar una nueva vida, pero antes debe saber la verdad sobre la sospechosa muerte de su hermano.
El viernes, Jack se encuentra con Doreen, hija de Frank... o mejor dicho, “supuesta” hija; Jack cree que él puede ser el verdadero padre de la adolescente, pues estuvo relacionado sexualmente con su madre, Muriel. Representaba más de quince años. Si no hubiera sido quien era, yo mismo hubiera podido desearla. Se veía que sabía muchas cosas. Lo decían sus ojos. Alrededor de esta muchacha girará el misterio de la novela, pero recién cerca del final Jack se dará cuenta de ello.
Carter tiene a su criminalidad como un mirador privilegiado para desnudar el estado de las cosas:

Miré a mi alrededor y vi a las esposas de la nueva Clase Media. Ninguna vestida con elegancia. Ninguna que no diera la sensación de estar enferma de celos o de envidia. De jóvenes, no habían poseído nada; la suerte había llegado junto con la guerra, y el cambio las había tomado tan de sorpresa que no podían dejar de ambicionar cada vez más, siempre insatisfechas. Era esa clase de gente la que me convencía de que yo tenía razón.

Lewis disecciona un mundo de hombres, machistas y engreídos, y lo hace con el realismo de quien conoce del tema. Me pareció que el tratamiento que le da a las mujeres es distinto: más artificioso y menos  cercano; parecería una falta de tacto narrativa, pero cuando la novela termina y uno puede ver el camino sin salida en que viven estos varones obsesivos e implacables, resulta una distinción casi salvadora. La promiscuidad alcohólica de Muriel, la fidelidad trágica de Audrey, la resistencia de Doreen, la ambigüedad de Margaret, el vértigo de Glenda... Las mujeres no dejan de ser las sacerdotisas del Destino en un mundo industrial de ladrillos, asfalto y niebla. Siguiendo la tendencia de la literatura de intriga de esos años, aparece la pornografía como negocio de explotadores y perdición de inocentes, pero también como destino casi insalvable de la liberación sexual; su papel es tan ambiguo como el desenlace del libro, con una venganza ejecutada, una Audrey torturada por su marido y un Jack atrapado, consciente de todo pero incapaz de solucionar nada. La lluvia, en los corazones, continuará por siempre.

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